sábado, 5 de mayo de 2018

UNA DE ROMANOS EN LA VILLA DEL CABALLERO (OLMEDO)

D.    29 - abril - 2018

OLMEDO (Valladolid)

UNA DE ROMANOS EN LA VILLA DEL CABALLERO

Largo puente, aunque no romano, el último fin de semana de abril que se conecta con el 1 de mayo, Fiesta del Trabajo, y con su continuación el 2 de mayo, Fiesta de la Comunidad de Madrid.

Días después, sentado en una confortable butaca de mi salón, rememoro ese domingo para regalo de mis amigos del Grupo del Viernes, en especial para Javier y para mi tocayo Jesús H., que por su mala costumbre de cumplir años nos hemos vistos avocados a venir a conocer a unos romanos que anduvieron por estos páramos y a encararnos con el Caballero de Olmedo, sufriendo horrores ante una fuente de lechazo asado o ante otras  crueles viandas.
Por mi culpa y mi gran culpa, amigos, vais a tener que revivir este frío día de primavera por tierras ulmetenses.

Desde la carretera N-601 y mientras nos acercamos con el coche vemos a lo lejos el complejo arqueológico de Almenara, como una isla rodeada por la inmensidad del páramo, ahora verde. A esas horas tempranas del domingo el aparcamiento está casi vacío. Normal ¿Quién va querer venir hasta aquí una fría mañana de primavera? Sólo alguien friqui, como el Grupo del Viernes, con interés por unos cuantos romanos, seguramente también friquis a rabiar sin que ellos fueran conscientes de ello.
Salimos del coche. Fuera el jodido viento del norte azota implacablemente nuestros rostros, el de Ángel y el mío, porque Rosa y Carmen, más listas ellas, aguardan dentro la llegada del resto del grupo. ¡Pero qué hacían aquí los romanos! ¡Estaban locos! ¡Ils étions fous ces romans! como diría Asterix.

Valladolid villa Almenara museo 05 ni.jpg
En apenas unos minutos llega un Hyundai azul conducido con suavidad por Jesús H.Ya estamos todos y son casi las 11 de la mañana. Entramos a la recepción. Parece que no hay muchos más visitantes. Las recepcionistas, bien pertrechadas para el frío, nos informan de cómo proceder con la visita.
Empezamos por la sala del cine. Todo para nosotros. Filas y filas de butacas vacías y en la pantalla proyectaban, claro, una de romanos. Ocupamos la última fila, de uno y de otro lado, quizás para entrar en calor haciendo manitas.
Después seguimos por la exposición que cuenta la forma y estilo de vida de los romanos y en especial de las villas rústicas. La historia de su presencia en Hispania, sus ritos, estructura de casa, alimentación...todo está allí. El Grupo, curioso de por sí, mira, lee, comenta. Todo nos parece bien, porque allí dentro estamos refugiados del jodido y frío viento.
Por megafonía oímos que nos convocan para iniciar la visita a la villa romana, bueno, a una reproducción tipo. La guía, forrada de pies a cabeza (como se nota que ya saben cómo se las gasta el mal tiempo por aquí), encabeza a un sorprendente numeroso grupo, la mayor parte constituido por familias con niños.
La guía abre las puertas de la villa y el pelotón nos precipitamos dentro del recibidor. Una breve explicación y seguidamente pasamos al “triclinio”, patio central columnado entorno al cual toda la villa se conforma. Gran idea que copiarán árabes y todas las culturas mediterráneas.
Representaciones en la villa recreada junto al yacimiento
Una nueva explicación de la guía y la masa de visitantes nos ponemos a recorrer y a explorar cada rincón y cada estancia. Como chusma curiosa nos llama la atención el cuarto de letrinas, con cuatro plazas adosadas para un uso comunitario. Todos, con gran imaginación y risitas, reproducimos las escenas escatológicas en nuestra chola, y bromeamos.
Recordaremos esta visita por detalles curiosos, como las estanterías en pendiente, o el comedor con camastros para comer reclinados, o la sala de recepción desde donde el señor de la villa podía ver la puerta de entrada en línea recta a través del triclinio y el recibidor.  
“Esa es la pregunta que más odio” nos espetó la guía cuando con curiosidad de visitantes aplicados nos dirigimos a ella con esta duda. La respuesta tampoco tenía desperdicio: “Esa es una cuestión museística”. Así de simple y enigmático.
Hacia la Casa del Caballero salimos presurosos para llegar al último pase, antes de las 2 de la tarde. Por una solitaria carretera comarcal recorremos los 8,5 Kilómetros que distan desde el yacimiento hasta Olmedo. Primero ALMENARA DE ADAJA y luego BOCIGAS nos reciben a nuestro paso sumidos en un sueño de abandono que hace presumir su lenta agonía. Más tarde o más temprano se presume que seguirán la misma suerte que la villa romana: abandono y olvido hasta que poco a poco lleguen a convertirse en parte del yacimiento arqueológico de estos páramos.
En un momento dado al paso por la carretera en Bocigas nos llama la atención lo que parecen praderas de un campo de golf. Un detalle  de moderna urbanidad en medio de la Castilla vacía.
Resultado de imagen de arco de san miguel olmedo
Cruzamos la murallas de Olmedo a través del Arco de San Miguel para visitar al Caballero en su casa. Lope de Vega, en forma de holograma, nos recibe y acompaña por una visita audiovisual muy alejada de lo que esperábamos.
Ahora sí y a su hora, vamos resignados hacia el mesón El Caballero de Olmedo dispuestos irremediablemente a sufrir con el lechazo.




Tras la tortura, lo mejor es pasear por la villa olmedana, desgraciadamente acompañados sin cesar por el jodido viento frío, que se ha empeñado en darnos la lata. Ante lo cual decidimos refugiarnos en la cafetería del balneario, un remanso de paz, perfecto para la entrega de los regalos de cumpleaños.
Difícil tarea la de elegir regalos para los amigos. Como difícil es glosar unos versos al amigo/a homenajeado, y Begoña ya lo hace con inusitada habilidad.
El tiempo ha transcurrido. Es domingo y por la tarde, combinación no muy estimulante, ya se sabe. Hay que ir pensando en regresar a casa. Sabemos que el Caballero fue asesinado vilmente, y que las villas romanas se extinguieron porque su sistema de vida no fue capaz de adaptarse a los cambios, pero este día en Olmedo perdurará en el yacimiento de nuestra memoria.




UNA DE ROMANOS EN LA VILLA DEL CABALLERO (OLMEDO)

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