22, 23 y 24 - abril - 2017 (sábado, domingo y lunes)
CAMINO SORIA
Sábado, 22 - abril - 2017
Camino de Soria en carrera desigual. Una mitad del Grupo se anticipa a la otra y sale de buena mañana. La otra mitad, que hoy no se libra de trabajar, se ve obligada a retrasar su partida hasta primera hora de la tarde. Pero, tanto a unos y como a otros les espera por delante un lago y primaveral fin de semana, con el domingo, 23 de abril, doblemente festivo que celebra a la vez el Día Internacional del Libro y la fiesta de Castilla y León. Sin duda un fin de semana especial que el Grupo afronta como si de un largísimo Viernes se tratara.
El coche A, conducido por Jesús Herreras y acompañado por Begoña, lleva como pasajeros a Carmen y a Jesús A. Han salido los primeros, y con suavidad y sin prisas van ascendiendo por la N-122 a lo largo de la Ribera del Duero, algo que será muy relevante en este viaje, que sin proponérselo podría haber sido un viaje en busca de las fuentes del río Duero. Pero no nos adelantemos.
El coche A, tras unos kilómetros recorridos, toma el desvío para entrar a visitar SAN ESTEBAN DE GORMAZ. Parada y fonda, no tanto, aunque descubrimos que la localidad lo merecería. Estiramos las piernas y disparamos las primeras fotos, que inmediatamente compartimos en el WhatsApp, para envidia de la mitad laboriosa del Grupo. Caminamos por su calle central dejando a uno y otro lado casonas y palacetes con escudos nobiliarios en sus fachadas, lo que sin duda indica que ésta histórica localidad tiene más enjundia de lo que en principio creíamos.
En la Plaza Mayor, mientras tomamos un café y por turnos visitamos el inodoro, descubrimos en la portada del diario “El Heraldo de Soria” la noticia de que en los dos últimos años la provincia ha perdido 1.700 habitantes y que toda ella no tiene más de 88.000 almas. Sin duda y tristemente la España Vacía está bien representada en Soria.
Seguimos Camino Soria por las riberas del Duero, recordando el mítico tema de Gabinete Caligari, banda muy de nuestra generación. Y así llegamos a EL BURGO DE OSMA, que cálido y soleado nos recibe en nuestra segunda parada. Admiramos su impresionante Plaza Mayor, con edificios barrocos tan singulares como su Ayuntamiento y, enfrente, el antiguo Hospital de San Agustín, hoy Centro Cultural de la Villa. Precisamente en ese instante el reloj del Ayuntamiento marcaba la hora, las dos en punto. Allí mismo en la plaza encontramos desplegadas animadas terrazas, lo que nos sugirió la buena idea de sentarnos a comer. Elegimos, y muy bien, el café y restaurante Capitol, abierto desde 1936 y que nos sorprende con la profesionalidad de sus camareros que atienden la terraza con la rapidez del rayo ayudados de sus walkie-talkies.
Hablar del El Burgo es pensar en Juan José Lucas, Expresidente de nuestra Comunidad. Y hablando del Rey de Roma, por la terraza asoma: justamente a pocos metros de nosotros, sentado con lo que parecía su grupo familiar, reconocimos a Lucas, a pesar de los estragos generados por el paso del tiempo, que en atuendo informal, muy lejos de su uniforme de político, disfrutaba de la mañana tomando el aperitivo previo a la comida. Aquello era una evidencia de que aquel viaje era significativo y de que estábamos en el centro de la noticia.
Realmente la plaza estaba animada y teníamos la sensación de estar en la parte más viva de la localidad. Saboreábamos no sólo la suculenta comida, sino el placer del aquí y del ahora, del viaje que se inicia, de la compañía, del día y la mañana primaveral, y de la inmensa suerte de estar allí y poder disfrutarlo.
Hoy por fin se ha cumplido para mi un viejo deseo tantas veces frustrado: entrar a visitar CALATAÑAZOR. Dejamos el coche abajo, en las afueras, e iniciamos la suave subida por su calle central. Quizás por la fecha y por el fin de semana, el pueblo anclado en la historia estaba lleno de turistas que rompían la paz que requiere este lugar. Casi sin esfuerzo, alcanzamos su alto balcón, su fortaleza, y ante la extensa postal de campos de cultivo que se extiende a sus pies, recibimos la noticia de la inminente llegada del coche B, que conducido por el intrépido Javier ha traído raudo y veloz a la otra mitad del Grupo de los Viernes: Mª Jesús, Rosa y Ángel. A partir de ese instante seremos el Grupo al completo.
A MOLINOS DE DUERO, pueblo serrano de casonas de piedra, llegamos al filo de las siete de la tarde. Nos alojamos en el Hotel rural “Lagunas de Urbión”, donde Dori, dueña y señora del lugar, nos recibe junto con su marido Héctor. Tras la recepción y el fichaje, Dori despliega todos sus conocimientos sobre la zona, los recursos turísticos y las excursiones que podemos hacer. Lástima, de haberlo sabido antes Ángel habría tenido más éxito en sus intentos de reserva de mesa en la Real Posada de la Mesta.
Semejante real desplante no iba a dejar sin cena al Grupo, y mucho menos a Ángel, que ya había buscado otra alternativa en el pueblo de ROYO, donde no son tan rollistas y estaban encantados de recibirnos. En el Royo las calles estaban vacías, no sabemos si porque ya había caído la noche, o por la natural despoblación soriana. Poco después descubrimos que gente sí había, pero que todos estaban refugiados en el bar (bar-restaurante El Berrocal), en animado ambiente, mientras por la tele se retransmitía alguno de los partidos de la Liga. En la cena no faltó el vino y las chuletillas, ¡Que se lo digan a Javier y a Ángel!, y todo a un coste muy amigable, como el aspecto del servicial camarero serrano. Una cena espléndida que quedará en la memoria de los cumpleaños del Grupo, porque esa noche, no lo olvidemos, festejábamos el aniversario de Javier, nuestro más tierno benjamín. ¡Feliz cumple, amigo Javier! ¡Se necesita mucho tiempo para llegar a ser tan joven como tú!
De vuelta al hotel, las ganas de rollo no se nos habían pasado, por lo que cerramos las puertas del salón-comedor para no molestar al resto de huéspedes y continuamos la gran fiesta...jugando a juegos de mesa. Vencidos por el sueño no duramos mucho, por lo que cada mochuelo subió a su habitación. Aquella noche algunos dieron muchas vueltas en la cama, tantas como las chuletillas consideraron necesarias antes de rendirse a los jugos gástricos.
----------------------------------------------------------------------------
D. 23 - abril - 2017
MOLINOS DE DUERO, LAGUNA NEGRA, DURUELO, y VINUESA (Soria).
Hoy se celebra la Batalla de Villalar de los Comuneros y la localidad del mismo nombre sabemos que estará llena a rebosar, por ser la fiesta de Castilla y León. Ese día nosotros teníamos por delante otra gesta equiparable, pero de la que esperábamos un resultado más favorable: lograr la ascensión por su cara “F” de la Laguna Negra de Urbión (“F” de fácil). Para prepararnos y hacer acopio de energías, desayunamos juntos en el comedor del hotel. El sol entraba por las ventanas y preludiaba un tiempo inmejorable.
De origen glacial, y situada en la Sierra de los Picos de Urbión, en el término municipal compartido de Vinuesa, Covaleda y Duruelo de la Sierra, la Laguna Negra forma parte del Parque Natural de la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión. Este iba a ser nuestro primer destino. Aparcamos los dos coches en el lugar en el que los empleados del Parque nos indicaron, por el módico precio de 3 euros. Para la ascensión de los casi dos kilómetros hasta la laguna nos informan que existen tres posibilidades: tomar un bus que sube cada media hora, enfilar la carretera asfaltada, o aventurarse por la senda del bosque. Nosotros, que somos gente aguerrida e intrépida, evidentemente optamos por la ruta del bosque que transcurre junto al arroyo de aguas cristalinas que descienden saltarinas directamente de las cumbres.
El grupo, optimista y henchido de un sentimiento de placer por la vista de tantas cosas bellas que vamos descubriendo, aprieta sus glúteos, llena sus pulmones de aire puro y, cómo no, dispara sus cámaras, para aprestarse a afrontar la arriesgada travesía. Por el camino salvamos todo tipo de obstáculos: repechos, rocas, laderas, arroyo de aguas bravas, troncos tumbados...Una auténtica yincana que pone a prueba la resistencia y la habilidad del Grupo de los Viernes.
Pero, por fin llegamos a la Laguna Negra, y descubrimos que somos muchos los que ese día se han aventurado hasta ese lugar remoto. También averiguamos que sus aguas no son de color negro, sino de un verde esmeralda. Sin embargo, y por si acaso, ninguno nos aventuramos a meter nada en sus aguas, no sea que ese monstruo de la leyenda le dé por asomar de repente.
Pero, por fin llegamos a la Laguna Negra, y descubrimos que somos muchos los que ese día se han aventurado hasta ese lugar remoto. También averiguamos que sus aguas no son de color negro, sino de un verde esmeralda. Sin embargo, y por si acaso, ninguno nos aventuramos a meter nada en sus aguas, no sea que ese monstruo de la leyenda le dé por asomar de repente.
El termómetro ha subido, como lo ha hecho un numerosísimos público. Tan abundante es el tráfico humano que por allí pasa que un oportunista vendedor de la ONCE ha montado su puesto en plena Sierra de Urbión, a más de 1.700 metros de altitud ¡Y no le va mal! El Grupo compra dos cupones para el sorteo del Día de la Madre. No quiere que la suerte pase delante de sus narices ¡Con lo que nos ha costado llegar hasta aquí! ¡Teniendo tres madres en el Grupo! ¡Ni hablar! ¡¡Deme dos cupones!! En pocos días, el 7 de mayo, podremos subir a dar las gracias a la Laguna y, quién sabe si al avispado vendedor.
El descenso lo hacemos ahora por la carretera. El calor aprieta y la sed reclama su tributo. Muy oportunamente encontramos un chiringuito en la zona del aparcamiento y, además, con una muy apetecible oferta de torreznos de Soria, para regocijo de gran parte del Grupo, sobre todo de Jesús H. que ya tenía ganas de catar el afamado manjar soriano.
La hora de comer se nos ha echado encima. Nos esperan en un restaurante en DURUELO, al que no tenemos ninguna intención de hacer esperar. Y hacía allí nos dirigimos. A la llegada percibimos el ambiente de pueblo serrano que vive de la madera, la que vemos por doquier y que incluso se respira en el aire. En el bar-restaurante, sencillo y casero, no solo comimos bien, sino que la diligente camarera accedió a revelarnos los secretos de las estufas de pellets.
Desde allí, y con las pochas aún en la boca, acudimos al paraje conocido como CASTROVIEJO. Ciudad Encantada serrana, en la que los bloques graníticos juegan con las formas, modelando huecos, pasillos y caprichosos recovecos, todo ello rodeado de aterciopeladas praderías. El terreno en pendiente termina desembocando en un balcón colgado que se asoma espléndido a los valles y bosques de esta comarca, en el fondo de los cuales no sería extraño que transitara el aún muy joven Duero.
Y desde allí mismo, a no mucha distancia, tomamos la senda que asciende hasta CUEVA SERENA, un espectáculo de cortinas de agua que refresca el sediento paisaje del entorno.
La vuelta al hotel a descansar un poco es lo más sensato y lo que nos pide el cuerpo.
Tras un reparador descanso, salimos del hotel para ir a VINUESA, donde tenemos reservada la cena en el restaurante La Corte de los Pinares, gestión de nuestro guía, que es un Ángel. Sin embargo, a la hora de coger los coches hemos descubierto una rueda desinflada en el de Jesús H., que acabará condicionando los próximos acontecimientos, considerando que hoy y mañana son festivos y los talleres estarán cerrados, además de que,para mayor desgracia, hoy se juega el clásico Madrid-Barcelona.
Los Jesuses nos llevamos el coche a la gasolinera más cercana (en Covaleda) y el resto del grupo se va a VINUESA para dar un paseo y buscar el restaurante. Son los últimos minutos de luz solar y en el ambiente se respira una calma especial. Incluso el tráfico de vehículos parecía que se hubiera ralentizado. En la gasolinera descubrimos, con la ayuda de la atenta encargada, que el neumático estaba flojo por culpa de un inoportuno clavo. No nos quedaba más remedio que intentar colocar la rueda de repuesto. Pero, por desgracia el seguro de asistencia cubría esa contingencia y lo podría hacer por nosotros, aunque en la peor de las circunstancias posibles: en pleno partido Madrid-Barcelona, cuando el planeta tierra se había detenido expectante por semejante duelo. De hecho, hasta una hora después no llegó la grúa desde Sala de los Infantes, conducida por un apresurado operario que, en atuendo impropio, parecía haber sido sacado inoportunamente del partido, y para tener que atender ese pinchazo de m...
Con la flacucha rueda de repuesto cambiada, regresamos a Vinuesa. Encontramos ya a todos sentados a la mesa de un restaurante a esa hora vacío. Estábamos solos, únicos clientes para un único camarero, mientras el resto de la humanidad sabíamos que ignoraba todo excepto lo que acontecía en ese momento en la pantalla del televisor. Pero nosotros estábamos bien, tranquilos y a lo nuestro, sabiéndonos a salvo porque contábamos con la rueda de repuesto.
Todo iba bien y parecía estar en su sitio, pero, rodando rodando, el sereno fluir del grupo se ve sorprendido por un animal salvaje suelto, que incomprensiblemente se cruza y provoca el desconcierto. La animada conversación, que transcurría por los delicados terrenos de los nacionalismos españoles y sus lenguas, y que estaba intentando encontrar un sentido al sinsentido, se vio trastocada. Desde la mesa de al lado un comensal confundido, como la noche, se introdujo en nuestra charla para defender no se sabe bien qué, alegando vete a saber qué supuestos comentarios nuestros que él había creído interpretar como un ataque; sospechamos, ahora y tras mil conjeturas, que el gañán nos había tomado por un grupo de arrogantes catalanes que hacía chanza de los necios castellanos. Es decir, un completo error de interpretación que había conducido a una tensa y desagradable situación, que nos estaba dejando perplejos. Como muy bien titularía a semejante vodevil mi buen amigo Pepe, el de Quintanar, aquello parecía “el ni se sabe o la fuerza del yo qué sé”.
Tras el incidente, la atmósfera ya no fue la misma y la cena tomó un gusto un tanto amargo. Además, el absurdo percance quedó recogido en los anales de la historia del Grupo de los Viernes, que lo recordará por los siglos de los siglos, amén.
En el hotel, pinchazo y necio, fueron los temas de conversación, y lo seguirían siendo en el desayuno del día siguiente. Entre tanto, cerramos las puertas de un salón ya propio del Grupo para jugar un rato antes de subir cada par de mochuelos a su correspondiente olivo.
------------------------------------------------------
Lunes, 24 - abril - 2017
SORIA
El camino, hoy por fin, desembocará en Soria. Y lo vamos a hacer con la preocupación de no haber conseguido encontrar un taller que repare la rueda pinchada del coche de Jesús H. Hoy el más cercano tedríamos que ir a buscarlo a Logroño, ¡coño!
Al despedirnos de Molinos y camino de Soria, nos detenemos a contemplar la Playa de Pita, en el embalse de la Cuerda del Pozo, otra delicia del río Duero. Si ya reúne suficientes atractivos esta zona, con la Playa de Pita ya se convierte en un destino ideal, que suma a la vez playa y montaña. Es una elección amable y conciliadora para muchas parejas, que aquí no tienen que optar por la desgarradora decisión de hacer unas vacaciones de mar o de montaña.
Al despedirnos de Molinos y camino de Soria, nos detenemos a contemplar la Playa de Pita, en el embalse de la Cuerda del Pozo, otra delicia del río Duero. Si ya reúne suficientes atractivos esta zona, con la Playa de Pita ya se convierte en un destino ideal, que suma a la vez playa y montaña. Es una elección amable y conciliadora para muchas parejas, que aquí no tienen que optar por la desgarradora decisión de hacer unas vacaciones de mar o de montaña.
Entramos en Soria y desembocamos muy cerca del Paseo del Espolón, con la Alameda de Cervantes a modo de Campo Grande soriano . Tras pasar por la oficina de información turística y tomar unos cafés en un bar con un camarero asombrosamente enamorado de Valladolid, lo cual no le libró de que su wc recibiera la visita, por turnos, del Grupo, enfilamos la ruta hacia la ermita de San Saturio y las riberas del Duero, lugar de inspiración para Antonio Machado.
Con los coches estacionados a las puertas del Monasterio de San Polo, iniciamos el paseo por la alameda que transcurre junto al Duero. No es extraño que a Machado el lugar le sugiriera, pues es un paraje cargado de poesía. El calor del mediodía nos hace agradecer el fresco refugio de la gruta de la ermita de San Saturio.
Es la hora de volver a la ciudad y buscar la zona del tapeo, pues de alimento del alma ya vamos servidos. Desde ese instante nuestra obsesión fue encontrar la Plaza Herradores, lugar emblemático aconsejado por Dori, la dueña y señora del hotel rural, para degustar los torreznos y demás tapas de la gastronomía soriana. No fue fácil, pero no cejamos hasta dar con la dichosa plaza, que resultó un tanto decepcionante porque descubrimos que sus terrazas tenían hora de cierre. Pues Soria se lo pierde, porque este Grupo no va a loar el tapeo soriano.
El largo fin de semana tocaba a su fin. Iniciamos el viaje de vuelta con la vista puesta en la rueda de repuesto, auténtico tótem de la devoción del Grupo, vigilando que su temperatura no se eleve hasta el punto de que nos deje tirados. El regreso lo hacemos siguiendo al Duero aguas abajo, con parada en Aranda de Duero. De allí a casa, sabiendo que este río continuará su largo camino hasta Portugal, donde el océano le espera a la vera de Oporto.









