LAS EDADES DE TORO
TORO (Zamora), domingo 13 de noviembre de 2016
Casi en el último día, a punto de concluir, así hemos llegado el Grupo del Viernes este domingo brumoso de noviembre a la villa de Toro para visitar las Edades del Hombre, que echa el cierre mañana. No había ya fines de semana en el calendario que nos cuadraran bien, o era éste o nos perdíamos Aqua, la vigésima primera edición de la exposición de las Edades del Hombre.
Queríamos conquistar a pie la villa, cual pelotón de exploradores avanzado del ejercito dominguero. Dejamos los coches aparcados extramuros para entrar caminando por la Puerta de Corredera, arco de 1602 del que fue el tercer recinto amurallado. Penetramos en grupo por la calle del mismo nombre con la vista puesta en todo tipo de detalles. Queremos saber qué fue de esa casa, o de ese solar, o de ese palacete en ruinas. Aunque se ven visitantes, se nota en las calles y en el ambiente la tranquilidad de las mañanas dominicales.
LLegamos ante la Torre del Reloj para pasar por su arco de lo que parece que fue una puerta de su segundo recinto amurallado. Ya estamos muy cerca de la zona cero, la calle es peatonal, creo que Puerta del Mercado es su nombre, y en pocos pasos entramos en la Plaza Mayor presidida por la Casa Consistorial, como no podía ser de otra manera. Ya presentimos que estamos pisando terreno muy cercano a nuestro primer objetivo: la Colegiata, sede principal de Aqua, donde teníamos concertada a las 11 horas una visita guiada de la exposición.
La calle pasa junto al templo y unos pasos más allá nos deposita ante el borde de una atalaya donde la vista se explaya en un paisaje dominado por el río Duero y su amplia vega, que, allí abajo, transcurre por un cauce peinado por un puente dispuesto en su bisectriz. Es imposible sustraerse al influjo de esa vista y todo caminante que hasta allí llega con toda seguridad se asomará a ese balcón apoyado en su barandilla. La Colegiata, emplazada en sitio tan privilegiado, disfruta desde hace siglos de esa postal de campo y ribera.
Hay gente a su puerta esperando para entrar a la exposición, pero no tanta como cabría esperar para el último fin de semana de las Edades del Hombre en Toro. Enseguida el Grupo del Viernes penetra por el pórtico del templo siguiendo a la que va a ser nuestra guía por todo el recorrido. Enseguida nos explica que el tema central del evento es el agua, de ahí el nombre elegido para esta edición, “Aqua”, agua en latín. La visita fluye cual arroyo conducido por la suave y susurrante voz de nuestra guía a través del arte sacro dispuesto allí y en la iglesia del Santo Sepulcro de la Plaza Mayor.
Ya lo hemos visto y ¿ahora qué? En la Oficina de Turismo nos dan un plano de la villa y nos hablan de una visita que empieza a las 13 horas a la plaza de toros y al teatro Latorre. No pensábamos que, una vez en la Plaza San Francisco y sacada una entrada conjunta, aquella manzana escondiera dos joyas de la vida lúdica de Toro. Primero entramos en el teatro, bombonera coqueta, un auténtico lujo para una localidad de poco más de 9.000 habitantes. Y desde el teatro accedemos a la plaza de toros, ambos recintos comunicados por un pasaje. Dos artes unidas en una combinación curiosa y las dos del siglo XIX (1828 y 1848).
El jóven que nos guía, que antes ha estado en la taquilla vendiendo las entradas, no solo se conoce el lugar sino que habla con pasión de él, sobre todo de la plaza de toros. Termina confesando, en un momento dado, que su padre ha sido carnicero en esa plaza y que él ha correteado por sus rincones desde muy niño. La visita no sólo muestra la plaza sino que nos da la oportunidad de experimentarla y conocerla de otra manera. El guía nos hace pisar el albero, y nos enseña los espacios más inaccesibles para el gran público, esos que solo pueden ver los profesionales de la lidia, como los toriles, chiqueros y patio de suertes. Toda una experiencia estar en esos espacios de “peligro”, los mismos que pisan y transitan los toros bravos.
Comida opípara regada con abundante vino de la tierra en el restaurante concertado. La agradable tarde la pasearemos por el balcón de la vega y por el castillo, reconvertido en centro cultural.
El Grupo abandonará la villa por la puerta de la muralla por la que accedió de mañana. Es la hora de la vuelta. Toman los coches y ponen rumbo a casa con una enorme luna llena que les observa y acompaña.



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