Viernes, siempre viernes, 30 de octubre de 2015.
Hoy
vuelve ValetudoDVD, un otoño más, y el Grupo de los Viernes no lo duda, tenemos
que estar allí. Pero, un evento que debería figurar en todas las guías
culturales de la ciudad o en cualquier búsqueda sobre Internet, es apenas
visible, solo localizable por parte de los muy persistentes.
Así pues, dejamos de lado nuestro recelo, y llevados por una
auténtica fe ciega, cual fanáticos talibanes, nos proponemos acudir al
LAVA con el corazón asustado por si
finalmente todo termina siendo una terrible decepción.
Es verdad que ninguno de nosotros presentamos corto alguno, pues
para eso aún lo somos bastante, cortos quiero decir, y que tampoco lo hace
ninguno de nuestros hijos hermanos o amigos, que por ellos estaríamos
dispuestos a lo que fuera, pero hemos quedado enganchados por esta actividad de
la Seminci, que nos impulsa a acudir, a estar allí, un año, otro y otro. Lo
cierto es que algo tiene que nos ha atrapado cual droga dura. Puede ser el
ambiente cultural que se respira, quizás la animación y expectación de la sala
de cine abarrotada de extrañas criaturas cinematográficas, no lo sé, ni creo
que ninguno del Grupo lo sepa. Otro misterio a resolver por el Iker Jiménez en
el Cuarto Milenio.
De nuevo en el entorno del LAVA, sí, junto al Gastrobar, que
por algo son vecinos. Este año la multitud que espera a la puerta para entrar
es bastante más discreta. Hay mucha menos gente y la que hay se muestra
tranquila y paciente. Ni siquiera se molestan en formar una ordenada fila, para
qué, seguro que sospechan que habrá sitio para todos.
Somos cultos los de los Viernes, pero no tontos como para
olvidar que un espíritu cultivado se sustenta en un cuerpo adecuadamente alimentado.
Por eso antes de ir a Valetudo pasamos por un bar de la zona, que ya empezamos
a conocer bien. Así, en el bar La Ría, en su terraza y bien abrigados, nos
atienden estupendamente con oreja, champiñones, ensaladilla rusa, patatas
alioli, y torreznillos. Todo ello bien cocinado y con una minuta más que
razonable. Parece mentira que a tan solo unas decenas de metros, uno frente al
otro en el Paseo Zorrilla, en la Rubia, puedan coexistir dos bares tan
distintos: la lamentable Casa de Aragón y la sorprendente la Ría.
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| Prueba de observación: averíguensé las diferencias, que las hay ¿eh? |
Ya estamos en la sala del LAVA, dispuestos a dar una
oportunidad para que nos emocionen o aburran. Pero son las 23:30 horas y Javier
Angulo no llega. Y cuando por fin lo hace acompañado por una reducida tropa,
incluido la del bombo, parece que viene dispuesto a resolver este asunto cuanto
antes, que tiene muchas otras cosas más importantes que hacer en la Seminci.
La sala no está llena, otra diferencia con ediciones
anteriores, y que sigue mostrándonos que Valetudo cada vez vale menos para la
Seminci.
Pero no nos pueden quitar que nosotros estamos allí,
disfrutando de la maravillosa noche del viernes, y contentos porque formamos
parte de los que opinan convencidos que estas oportunidades deben existir y
seguir existiendo para los autores noveles del séptimo arte.
Hasta el bombo suena sin convencimiento y no nos levanta del
asiento, o puede que el discreto ambiente de la sala apenas insufle aliento al
timorato brazo que golpea el timbal para jalear el grito de guerra “¡¡ValetudoDVD,
pum, pum, ValetudoDVD, pum, pum, ValetudoDVD, pum!!
Las proyecciones, cortas, se suceden como un carrusel del absurdo que nuestra razón recibe con paciencia, con mucha paciencia. Quizás contagiados por la noche de Halloween que, caprichos del destino, este año ha querido asistir a la Seminci colándose en el ValetudoDVD.



Grande Jesus, acierta en sus comentarios y la literatura se pierde a un buen escritor, siempre acertado en sus entradas y gran narrador de lo bien observado, se que nuestros alagos no harán mella en su modestia, pero yo te digo, Jesus eres un buen narrador y mejor persona
ResponderEliminarBueno, Ángel, anonadado me he quedado con tus elogios. Mi autoestima te lo agradece mucho. Tienes razón cuando piensas que mi modestia hace lo posible por colocar en su sitio las flores que me lanzas. En vez de ponerlas en un florero y lucirlas en el centro de la mesa, me quedo con la que para mi es la más bella, que me valores como persona, para prenderla orgulloso en mi solapa. GRACIAS, Ángel.
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